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Villanueva Chang, Julio

NF973

Español
Lima, 2009 pags.

García Márquez va al dentista

¿Qué busca un Premio Nobel con caries es un odontólogo de provincia?

El Dr. Jaime Gazabón abrió la puerta de su clínica dental de Cartagena de Indias y descubrió a Gabriel García Márquez tan solo como un astronauta en su sala de espera.

En la mesa de centro, había literatura de consultorio de dentista, unas cuantas revistas para bostezar la espera, y los efectos sedantes de una música de fondo.

Cuando el odontólogo salió a recibirlo, el escritor acababa de completar a manuscrito la ficha de su historia clínica: “Nombre de del paciente: Gabriel García Márquez. ¿Cuál es su ocupación? Paciente vitalicio. Número de teléfono: Cortado por falta de pago. Si es casado, ocupación de su esposa: Sí, no hace nada. ¿Para que compañía trabaja su esposa? Ya quisiera yo saberlo. Nombre de la persona responsable por el pago del tratamiento: Gabo, el hijo del telegrafista. ¿Tiene usted alguna molestia o dolor? Molestia sí, el dolor vendrá después. ¿Nos podría decir quién lo recomendó al Dr.? Su fama universal.”

“Un cuento es lo que te cuentas a ti mismo en la sala de un dentista mientras aguardas tu cita con él”, dijo John Cheever.

El molar de un genio se ve tan espantoso como el de cualquiera y crea la ilusión de que todos somos iguales bajo las tenazas de un dentista. Pero una muela de García Márquez en tus manos es más que eso. Es la historia secreta de una sonrisa.

El hombre envejece cuando sus dientes no se reponen. García Márquez lo sabía bien. Perder un diente es también una metáfora de la caída del poder.

Gabo sabe que yo no puedo esconder lo que pasó entre nosotros. (Dr. Gazabón)

El último día que lo vio en su consultorio de Cartagena de Indias, recuerda que el único diente que le faltaba a García Márquez era la muela del juicio. Pero aquella primera tarde de 1991, en su consultorio de Bocagrande, Gabriel García Márquez tenía una carie y el doctor había decidido operar: le inyectó anestesia local, le extrajo un molar, suturó la herida, y tiempo después colocó un implante en su lugar. Según él, García Márquez nunca se quejó. Sin embargo, desde esa primera cita hubo una pérdida. En la historia de la literatura, sucede siempre: Homero fue ciego, a Cervantes le fallaba un brazo, García Márquez tenía caries.
- El hilo dental es más importante que el cepillo- me advirtió el Dr. Gazabón.